Els Torrons de Cacau: Una Historia de Navidad Valenciana

Me contaba mi abuela Carmen ya hace muchos años, que la Navidad antiguamente comenzaba una semana antes, con los preparativos de los turrones de cacahuete que se hacían en casa. Eran muchos los que plantaban cacahuete, y quienes no lo tenían, la cosechaba o compraba un «remitjonet» para preparar los turrones de Navidad.

De noche y, especialmente después de cenar, la familia solía reunirse junto al rescoldo del fuego de la chimenea y conversar. Los abuelos contaban multitud de historias, dejando encantados a los más pequeños de la casa. Los padres contaban anécdotas de los abuelos. Y la hermana mayor, que ya sabía de letras, leía una historia para todos.

También había tiempo para el juego, se jugaba a adivinanzas o a cartas y mientras, sentados todos al abrigo de la tibieza del fuego, pelaban el cacahuete. Al día siguiente, lo llevaban a los hornos del pueblo para tostarlo: el horno de Lerma, el del Pastisser, el horno de Pastrana,…

El siguiente paso consistía en quitarle la corteza, y utilizaban a menudo una botella, haciéndola rodar muy suavemente por encima de los cacahuetes para que fuese soltando la corteza. Después de abanicarlo con unos buenos soplos, lo molían, bien en casa con un molinillo de café, o bien lo llevaban de nuevo al horno donde tenían un sacapuntas que lo molía más rápido.

Ya molido el cacahuete, se vertía en una cazuela de obra, a la que se añadía la mida exacta de azúcar, agua, canela y limón. Después de removerlo muchas y muchas vueltas, este producto, acababa transformándose en una masa pastosa que las mujeres ponían en unas cajas de madera para cubrirlas seguidamente con unos papelitos de seda mojados y la dejaban secar en el aire hasta que la pasta estuviera seca y buena para saborearla el día de Navidad.

La gastronomía navideña ofrecía un amplio abanico de posibilidades para endulzar las diferentes comidas; además de los turrones blandos, se hacían también turrones duros con otras variedades de cacahuetes más grandes conocidos como cacauas y que aquí llamaban también cacahuete moruno.

El proceso era parecido al anterior pero esta vez no se molía, sino que se mantenía entero y a la masa se le añadía también miel para que le diera esa fuerte consistencia que le caracterizaba.

También había quien no hacía turrones y los compraba de Ca Uixera que tenía unos turrones muy buenos, muy distinguidos, y lo que es más importante, a muy buen precio.

Se hacían también los típicos pastelitos de boniato y los «mostachuts«, dulce muy característico de nuestro pueblo (Sollana), cuyo nombre le viene por la capa de clara redada que le rodea que hace ensuciarse el mostacho cuando te lo comes.

Fuente original de la Historia: Sollaneries – Sollana – La Ribera Baixa

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